viernes, 28 de junio de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 1)

CAPITULO 1

Ana venia de una familia adinerada. Paso su infancia protegida por unos padres que la adoraban y jamás le negaron nada.

No porque fueran malos padres o se despreocuparan, sino porque desearon mucho a aquella hija que no llegaba. Pasaron muchos años hasta que el matrimonio consiguió hacer realidad su mayor sueño. Ser padres de una hermosa niña.

La pareja, exitosos empresarios textiles, sintieron que por fin la vida les premiaba con lo más preciado.

Aquello hizo que jamás pusieran límite alguno a la niña.
Que creció siendo una niña consentida y poco agradecida con lo que la vida le había dado.

Según llegaba a la adolescencia, Ana se fue haciendo una niña difícil y muy rebelde.

Los estudios le iban mal, pero sus padres seguían justificando su falta de interés por realizarse.

Profesores,  padres,… nadie tenía un control sobre Ana.
Ella misma se pregunta si fue aquella falta de control la que le hizo bajar a los abismos. Pero en realidad sabe que sería muy injusta con sus padres, su caída solo tenía un responsable.

Cada día sentía una necesidad mayor de conocer y experimentar cosas nuevas. Nada le parecía suficiente y así era presa fácil para cualquier degenerado que se cruzara en su camino.

Ana como todas las niñas de su edad y de su barrio, tenía a sus amigas desde niña, con las que se juntaba en el parque de la urbanización.

Sus amigas pese a pertenecer a familias de clase alta, eran diferentes a Ana. Ellas si conocían las limitaciones que les imponían.

Ana jamás entendió porque sus amigas no se revelaban contra los tiranos de sus padres, que las hacían volver temprano a casa y no las dejaban salir hasta que terminaban de estudiar.

Lógicamente sus amigas envidiaban la libertad de Ana. Envidiaban que sus padres confiaran tanto en ella. Pobres ilusas.

Según Ana crecía, la relación con sus padres y su círculo más cercano, se hacía más difícil.

Cuando Ana, cumplió los quince años, pareció que aquello iba a cambiar. Por primera vez, Ana comenzó a encarrilar su vida. Lástima que durara tan poco.

Ana puso sus ojos en Mario. Un joven estudiante perteneciente al círculo de Ana.

Mario era un chico, atento, estudioso, que se enamoro locamente de la alocada Ana.

Esto supuso una alegría para los padres de ambos. Se conocían hacía muchos años y les gustaba la idea de que sus hijos formalizaran una relación.

La mayor alegría fue para los padres de Ana, que por un tiempo vieron como dejaba a un lado sus locuras y como mejoraba en sus estudios gracias a la ayuda de Mario.

Durante un tiempo todo fue perfecto. Ana se veía feliz y enamorada y Mario solo tenía ojos para ella.

Ambas familias hacían planes para cuando los dos jóvenes fueran a la universidad.

Nadie podía imaginar el drástico cambio que darían sus vidas en poco tiempo.

Fue Mario el primero en observar los cambios de Ana. Enamorado como estaba de ella, sabía que esa ana fría, distante y cabizbaja… no era la verdadera Ana.

El amor no siempre es suficiente y pese a que Ana también estaba muy enamorada de Mario, nunca pudo confiar en el. Nunca pudo contarle que le estaba ocurriendo. De haberlo hecho… su vida no se hubiera convertido en el infierno que se convirtió.

También los padres de Ana notaron que algo le ocurría a su hija, pero supusieron que se debia a los problemas típicos de la edad. No pensaron que lo que estaba viviendo su hija, no tenía nada que ver con los problemas típicos de su edad.

Ese fue el comienzo de la caída de Ana, una caída en la que no tuvo ninguna cuerda  a la que sujetarse.


Todo cambió el día que Ana cumplió 17 años…
Se prohíbe su difusion
Prologo:  http://nereauzquiano.blogspot.com.es/2013/06/las-lagrimas-de-ana-prologo.html

1 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Bien! Felicidades por ponerte otra vez con las letras. Te sigo la novela intrigado.

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