domingo, 14 de julio de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 16)

CAPITULO 16

Mi estado era lamentable. Aunque yo no lo veía.
Psíquicamente no tenía ningún contacto con la realidad que me rodeaba. Me daba igual, como se encontraban mis padres, no me importaba haber perdido a mis amigas, veía natural considerar amigo mío a mi violador.

Físicamente estaba tan deteriorada, que poco a poco Jose Luis empezó a perder el interés en acostarse conmigo a cambio de Cocaína.

Yo no me daba cuenta pero pronto lo descubrí y una vez más, de la peor manera.

Un día le llame, como siempre que me quedaba sin material.

-          Jose luis, me he quedado sin nada.
-          ¿Y?
-          Que si me puedes vender.
-          ¿Tienes dinero?
-          No.

Esperaba que me citara como siempre. Yo sabía cuál era el pago cuando no tenía dinero y ya me daba igual. Era triste, pero no me importaba venderme a el. Ni tan siquiera me daba cuenta de que me estaba vendiendo. Lo disfrazaba de mil formas en mi interior.

-          Aquí no se fía más.
-          ¿Fiar?
-          Si. O pagas o no hay material
-          Siempre pago y lo sabes.
-          Con dinero. Mírate a un espejo, no vales lo que consumes. – Y me colgó.

No me lo podía creer. Me estaba rechazando. ¿Fiar? Era mucho más duro mi forma de pagarle, que todo e dinero del mundo. No me estaba regalando nada, que se lo cobraba con creces.

Fui hasta un espejo y lo que vi me dejo desolada ¿Dónde estaba la Ana de antaño? ¿Dónde estaba esa Ana por la que los chicos se peleaban? ¿Dónde estaba aquella bella chica de ojos brillantes, cabello rubio y tez pálida que los volvía locos?

Ahora veía a una mujer que aparentaba muchos más años de los que en realidad tenia.

Mis dientes estaban amarillentos, mi pelo no brillaba, estaba áspero. Tenía una delgadez extrema y un rostro demacrado. Grandes ojeras adornaban mis ojos y afeaban aun más mi rostro.

Le volví a llamar muchas veces,  ya que no me cogía el teléfono. Mi ansiedad crecía por momentos.

Cuando al fin descolgó el teléfono, llore, le rogué, le suplique… Le dije que haría lo que el quisiera pero que lo necesitaba, que me estaba muriendo. Que no podía dejarme así.

Al final y tras mil ruegos acepto verme.

Salí corriendo, estaba convencida de que me daría lo que necesitaba, sabía que me tenía que acostar con el pero me daba igual. Menos mal que esta vez se había ablandado.

Cuando llegue, por una vez, el ya estaba allí.

-          Gracias. – Le dije en cuanto le vi.
-          No me las des tan pronto.
-          Pero…
-          Te he dicho que aquí ya no se fía.
-          Pero tú sabes que yo te pago.
-          Si, pero no me interesa tu cuerpo
-          ¿Entonces?
-          A otros si les interesaría.

Me deje caer en el suelo. No, eso no me lo podía estar pidiendo. Yo le había entendido mal.

-          ¿Quieres que sea tu puta?
-          No, la mía no. De quien te pague.

La cabeza me daba vueltas, esto era peor de lo que yo imaginaba.

Quería que me prostituyera para poder pagarle. Una cosa era acostarme con el, pero con cualquiera… Yo no podía acostarme con cualquiera a cambio de dinero.

-          Piénsalo rapidito, no tengo todo el tiempo del mundo para estar aquí adorándote.

Le mire fría, estática. Ni las lagrimas y suplicas de otras veces, salían de mi.

-          ¿Y bien?
-          ¿Por qué?
-          Porque esto que te gusta tanto, es muy caro. Y ya te dije que yo no era una O.N.G
-          ¡Estoy así por tu culpa! ¡Por tu culpa lo he perdido todo!

Por primera vez lo vi parpadear sorprendido. Supongo que porque nunca le había echado nada en cara, lo había guardado en mi interior y jamás le nombraba nada de lo sucedido.
Creo que no se lo esperaba, pero se recupero con pasmosa rapidez.

-          Te he dicho lo que hay, si quieres aceptas y sino buscas el dinero por tu cuenta.
-          Sabes que no puedo pedirlo en mi casa.
-          No sé, trabaja en una gasolinera.
-          ¡Nadie me daría trabajo estando como estoy!
-          Pues tu veras.

Le mire con odio. Le odie porque sabía que,  dijese lo que le dijese, llorase lo que llorase, el no se ablandaría. Y lo que era peor, es que sabía que, yo terminaría aceptando ¿para qué retrasar más el momento? No tenía otra salida.

-          Está bien. Lo hare. Pero no sé si voy a poder. No sé si seré capaz.
-          Podrás. Toma, esto es más fuerte y te ayudara.
-          ¿Ahora si me fías?
-          Claro, para eso estamos los amigos.

Cuanto asco y repulsión sentí en ese momento hacia el. Los amigos no te violan, ni te llevan a abortar de cualquier manera, ni te enganchan a la droga, ni te obligan a acostarte con ellos. Y mucho menos un amigo te obliga a prostituirte.

Posiblemente este fue el único momento lucido que tuve, por desgracia me duro poco.

Junto con el material me dio la dirección a donde debía acudir.
No tenía ni idea de quien se trataría, ni de lo que me haría. Estaba tan asustada. Pero ni me imaginaba lo que me esperaba. Ni me imaginaba hasta que punto Jose Luis me había rebajado.

Si lo pienso, me doy cuenta que en realidad no lo hizo para cobrar su dinero, sino para humillarme, para demostrarme que no valía nada y no fuera capaz de negarme a nada. Y lo consiguió. Desde esa noche, yo me creí que no era nada.

La noche empezó cuando me entere que debía pagar al taxista.
-          ¿No le han pagado de mi parte?
-          No
-          Pero yo no llevo dinero.- El taxista se rió.
-          Ya lo sé.- Y dicho esto se bajo la cremallera.

Solo quería morirme. Me había vendido también al taxista. No tuve fuerzas ni para negarme. Le realice sexo oral y me baje lo más rápido que pude del taxi.

El lugar que veía ante mí, era un motel de carretera, de los que solo ves en las películas. El letrero se caía y viejos coches llenaban el aparcamiento.

No quería sufrir más. Antes de entrar tome lo que me había dado Jose Luis y lo esnife. Pasara lo que pasara, no quería recordarlo.

Entre en recepción, si se le podía llamar así a ese viejo mostrador, y pregunte por la persona que ponía en el papel.
Subí a la habitación que me dijeron y llamé.

Cuando se abrió a puerta me encontré a un tipo gordo, que me hizo pasar después de mirarme de arriba abajo.

Era la primera vez que hacia algo así y no sabía como debía actuar, ni como actuaria el. Pero no me gusto su forma de mirarme.  Sé que en ese momento solo era una prostituta, pero debido a que era la primera vez y a mi edad, esperaba un poco mas de delicadeza.

No tuvo ninguna. Me uso como si fuera una muñeca hinchable, buscando únicamente su placer. No pensó que estaba con una niña asustada por lo que se estaba viendo obligada a hacer.

Afortunadamente me había tomado la droga antes de entrar y eso me hizo poder evadirme del gordo que taladraba mi interior sin ningún miramiento.

Solo eso me hacia llevar un poco mejor el asco que sentía de mi misma, de el y de Jose Luis.
Creo que en aquel momento odie a todo y a todos por verme en la situación que me veía.

Cuando terminó, me pagó y me fui lo más rápidamente que pude.

Al menos ahora tenía para pagar al taxista con dinero.

Me fui derecha a casa, ya que al día siguiente había quedado con Jose Luis para pagarle lo que le debía.

Me duche, pero nada hacía que se me quitara aquella sensación de asco. Me sentía tan sucia, tan manchada…

En mi almohada había una nota de mi madre:

“Ana, mañana es tu cumpleaños, nos gustaría comer todos juntos. Hazlo por tu padre.”

Comencé a reírme con una risa histérica. Ni me acordaba que era mi cumpleaños, ni podía imaginar que había pasado un año desde que todo aquello comenzó.

Que cumpleaños más diferente. Recordé el pasado año, con la ilusión que preparaba mi fiesta, los regalos… y este año había pasado la víspera prostituyéndome en un sucio motel de carretera.

Que de vueltas da la vida. Mañana tendría dieciocho años.

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