lunes, 15 de julio de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 17)

CAPITULO 17

Tarde bastante en levantarme, total no iba a salir. Era mi cumpleaños y debía estar hasta después de comer en mi casa. No es que me hiciera especial ilusión, pero al menos mis padres se sentirían mejor.

La comida no fue demasiado amena. Mi padre permanecía en silencio, a pesar de que mi madre intentaba aparentar normalidad.
La tensión se cortaba con cuchillo y yo tampoco me esforcé en dar conversación.

Al terminar de comer, mi madre saco un pequeño paquete y me lo dio:

-          Felicidades hija.
-          Gracias mama.

Lo abrí y en su interior había una fina pieza de joyería. Una gargantilla de oro con diamantes. Sabía que esa gargantilla era cara.

Mi padre pareció leerme el pensamiento:

-          ¿La estas tasando? – me pregunto con desprecio.
-          Juan por favor
-          No Matilde, ya está bien de hacer que no pasa nada. Sabes que ha vendido todas las joyas que tenia.
-          No importa.
-          Si importa. Ya sabemos dónde ha ido ese dinero.

Yo permanecía callada. Era verdad todo lo que decía. Había vendido todas mis joyas para conseguir droga. No solo mis joyas, sino todo lo que tenía valor. Lo único que no vendí fue el coche y porque mi padre me lo había quitado.

Era cierto que mientras miraba mi gargantilla, estaba calculando su valor económico, así que para que negar o discutir. Esa era mi vida.

Si mi padre supiera cómo había ganado el dinero la noche anterior y otras muchas que vinieron después…

Prostituirme para conseguir el dinero y así pagar a Jose Luis, se convirtió en habitual. Termine aprendiendo como cerrar los ojos  y abrir las piernas evadiéndome y evitando pensar en  el asco que sentía.

No era fácil, todo lo contrario. Aquello me rebajo a lo más bajo que se puede rebajar un ser humano.

No podía hacerlo si no había consumido antes. Y una vez había consumido, ya todo me daba igual. Hasta que se pasaba el efecto y la sensación de asco volvía a mí. Entonces tenía que drogarme otra vez para seguir evadiéndome.

Ya pasaba más tiempo drogada que en estado normal.

El estar tan mal física y psíquicamente, me limitaba mucho el poder escoger clientes.
Cuanto peor estas, también tienes acceso a peores clientes.

Cuanto menos seleccionas, peor gente te toca y a mí me toco de todo, de todo lo malo.

Tuve que realizar prácticas que nunca se habían pasado por mi mente y por supuesto sufrí muchas veces malos tratos por parte de los clientes.

No era suficiente tener que prostituirme, sino que además tenia que soportar ese maltrato.

A veces me preguntaba si esos hombres tendrían mujer o hijas, que sentirían si alguien las tratara como ellos a mí.

En varias ocasiones incluso me pegaron después de algún servicio y se fueron sin pagar. Terminaba denigrada, golpeada, humillada y sin la droga que tanto necesitaba. Porque Jose Luis, jamás se apiado de mi.

En eso había terminado. Vendiéndome a los hombres más bajos y que podían pedirme las prácticas sexuales mas depravadas y bajas que se les ocurriera. Yo jamás decía que no, no me encontraba en situación de poder perder ni un solo cliente. Hace apenas un año, mi inocencia  ni tan siquiera hubiera imaginado que aquellas prácticas existían.

Un año y parecía que había pasado media vida. Ahora no podía  recordar cómo era yo hace un año.

La única parte positiva o que yo la sentía así, es que mis padres no se habían enterado de dónde sacaba yo la droga. Apenas hablábamos y creo que habían perdido la esperanza de recuperarme, pero ellos seguían en su ignorancia.

Sabían en qué mundo andaba metida, pero ni se imaginaban que la niña de sus ojos se prostituía para comprar aquella porquería.

Pero la vida me tenía preparada otra bofetada, una vez más parecía que mi sufrimiento nunca tendría fin.

Me llamo Jose Luis para ofrecerme un servicio. Se suponía que debía realizarlo junto a otra chica, a la que ya conocía debido a que nos movíamos en el mismo mundo. Me dijo que era una despedida de soltero y que eran unos chicos jóvenes guapos y con mucho dinero.

Jose Luis hacia mucho que no me buscaba servicios y mucho menos uno tan bueno como ese, por lo que desconfié. Me parecía raro.

-          ¿Por qué yo?
-          Porque sé que lo necesitas.
-          Ya
-          Venga Ana, siempre que he podido te he ayudado y lo sabes. Es un buen servicio.

Cuando me dijo lo que pagaban, toda mi desconfianza desapareció. Hacía mucho que no me llegaba un servicio así y si encima no eran unos viejos, gordos y calvos la cosa se hacía menos desagradable.

Era muchísimo dinero, no podía decir que no.

Por mucho que todo fuera venderse, cuando te acostumbras a que babosos degenerados pongan sus manos en ti, si te llega un servicio como ese te da la sensación de que te ha tocado la lotería. No puedes creer en tu buena suerte.

Qué triste ¿Verdad?, yo bendiciendo mi buena suerte por poder venderme a hombres de mi nivel. Eso debería ser lo habitual y no lo extraordinario. Hace un año, esos mismos hombres hubieran matado por estar conmigo.

Quede con la chica en el hotel.
Era uno de los hoteles más lujosos de la ciudad.

-          Hola Ana
-          Hola Maria
-          No te quejaras del servicio que nos ha salido ¿eh?
-          No. Menos mal que Jose Luis ha pensado en nosotras
-          Si.
Nos acercamos a la recepción donde nos miraron con recelo. Era evidente lo que éramos, nuestras pinturas y ropas llamativas nos delataban en cualquier lugar. Mucho más en un sitio tan fino como ese.

Preguntamos por la habitación y amablemente nos guiaron, aunque con desconfianza. Seguramente nos seguirían con las cámaras hasta que entramos en la habitación. Yo lo hubiera hecho.

Siguiendo con Maria, ella era lo más parecido a una amiga que tenia.

Dentro de lo que es la amistad dentro de ese mundo. El compartir desgracias y malos momentos, unía mucho.

Eso si, nadie hablábamos de nuestra vida, ni de lo que habíamos sido antes o de cómo habíamos terminado así.

A nadie le importaba el pasado de las demás. Bastante teníamos cada una con el nuestro.

Maria no parecía venir de mi mundo, aunque viéndome a mí, nadie diría que yo venía de un ambiente tan selecto. En ese momento pensé que me gustaría saber algo más de ella.
¿Cómo terminaría así? Algo debió ocurrirle, no me imaginaba a nadie escogiendo ese mundo de manera voluntaria.

Tuve que quitar esos pensamientos de mi cabeza, porque la habitación del hotel se abrió.
Yo conocía a ese chico y el a mí. Nos mirábamos paralizados sin saber qué hacer, el no se quitaba de la puerta. Parecía que no quisiera que pasáramos.

-          Venga Roberto, déjalas pasar. – Gritaron desde el interior de la habitación.
-          No te gustamos. – Sonrió coqueta Maria.

Una mano, aparto a Roberto desde el interior y todos fijaron su mirada en mi. Todos me conocían. Eran los amigos de Mario.
Entre todos ellos, unos ojos tenían su vista clavada en mí. Por supuesto Mario también estaba allí.

Los chicos de la fiesta, que tanto dinero habían pagado por nosotras eran Mario y sus amigos. Ellos eran los que nos habían comprado para disfrutar de nosotras.

Los dos estábamos paralizados, yo no era capaz de moverme ni de escuchar lo que decían a mi alrededor.

Cuando Maria comenzó a bromear sobre nosotras y lo bien que lo íbamos a pasar, volví a mirar a Mario esperando ver su desprecio.

Lo que vi fue mucho peor. Vi lastima y tristeza en su mirada. Me miraba con una infinita pena. Parecía que en cualquier momento las lágrimas brotarían de sus ojos.
Nadie hablaba, solo Maria parloteaba ajena a lo que ocurría.
Los amigos de Mario solo observaban la escena con estupor.

No pude con ello, era peor de lo que esperaba y salí corriendo. No podía permanecer más tiempo en aquel lugar.

Escuche a Maria llamarme, pero no paré. Mientras corría lloraba amargamente.
Estaba segura que Jose Luis sabia todo, el conocía a Mario y sus amigos y aquella había sido su manera de vengarse de lo ocurrido hacia un año.

Pobre Mario. Que mal se estaría sintiendo. Encima delante de todos sus amigos.

No sé cuantas horas anduve esa noche, no sabía a dónde ir. Finalmente llame a Jose Luis.

-          ¿Por qué?
-          Eso debería preguntarlo yo. Has dejado tirado un servicio muy caro.
-          Sabes muy bien porque.
-          Hay que ser más profesional.
-          ¿Por qué me has enviado a mí?
-          Ya lo sabes. Tu ex novio me la debía. Y qué mejor que enviarte para que viera en que te has convertido.
-          Eres un desgraciado. No vales nada. – El comenzó a reírse.

Lo peor es que no podía colgar sin pedirle ayuda. Le explique donde estaba y que no tenía a donde ir. No quería volver esa noche a casa. Necesitaba estar sola y pensar.

No quería imaginarme que podía estar pensando Mario. El jamás hubiera esperado encontrarme en ese lugar vendiéndome. Yo era su princesita. Una princesita que le había salido rana.

-          Está bien, te envío un taxi pagado y te dejare una habitación de motel pagada. Pero no te acostumbres, tómalo como un regalo, solo por esta vez.
-          Gracias


Que humillada me sentía. Después de todo y tenía que darle las gracias por conseguirme donde pasar la noche.

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