sábado, 20 de julio de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPÍTULO 20)

CAPITULO 20

A partir de aquí, imagine que todo iría a mejor.

Una vez más me equivocaba.

Sin ningún control y sin ayuda, solo podía ir a peor. Nunca a mejor.

Supongo que era cuestión de tiempo que Jose Luis se cansara de mí.
Me pasaba los días llamándole para que me vendiera material o me buscara algún cliente.

Clientes hacia mucho que no me mandaba. Vivía de los pocos que yo me conseguía.

Cuando le llamaba para pedirle mi dosis, siempre parecía estar ocupado e intentaba darme largas.

-          Jose Luis. Soy Ana.
-          Lo sé ¿Qué quieres?
-          Tengo dinero. Necesito un poco.
-          Estas metiéndote demasiado Ana ¿No crees?
-          No necesito mucho.
-          Pues espera a mañana
-          No. Lo necesito hoy. Por favor, tengo dinero.

El negocio es el negocio y siempre terminaba citándome.
Podía parecer que se preocupaba  por mí, pero en realidad creo que se sentía culpable, por ser el quien me había empujado a todo ello.

Dentro de él tal vez, quedaba un atisbo de humanidad. Lástima que esa humanidad rara vez aparecía, sino jamás me hubiera hecho todo lo que me hizo. Y lo peor es que aun no había terminado de hacerme daño.

Un día me llamo Jose Luis, tenía algo para mí. Un trabajo que me podía dar mucho más dinero del que sacaba prostituyéndome.

El me lo dijo como haciéndome un favor. Vendito favor el que me hizo:

-          Tengo que estar contigo.
-          ¿Por qué? – Desconfié porque no le debía nada y alguna vez que le había dejado a deber me había citado y me había dado una paliza brutal
-          Es para un trabajito
-          ¿Algún amigo tuyo?
-          Mas o menos, pero no me refiero a que te acuestes con el.
-          ¿Entonces?
-          Es un trabajito que te puede dar muchísimo dinero, mucho más del que sacas de puta.
-          No hace falta que lo digas así
-          Vale, puedes sacar mucho más que de chica de compañía.
-          Estaría bien.
-          Claro que está bien
-          Pero… ¿Por qué yo?
-          Somos amigos y sé que no estás muy bien de dinero.
-          Vaya… gracias

La verdad me sorprendió y me sentí muy agradecida.

Pensé que por fin alguien me iba a echar una mano en lugar de darme sermones o de lanzarme a los leones.

Veía en las palabras de Jose Luis, una especie de mano amiga.

En realidad me iba a hundir una vez más, pero yo solo veía que el me ofrecía el dinero que yo necesitaba y encima no iba a tener que acostarme con nadie para conseguirlo.

Me cito al día siguiente en un lugar diferente al que me citaba siempre.

En ningún momento tuve ninguna duda de acudir al encuentro.

Pase lo que quedaba del día feliz, pensando en lo que me diría Juan Luis al día siguiente.

Cuando me levante decidí que no saldría ese día a buscar clientes a la calle. Esperaría a conocer la oferta de Juan Luis antes.

Llegue puntual y allí estaba el.

Lo mas increíble de todo es que el seguía igual que cuando le conocí. Mientras yo me había ido estropeando a pasos agigantados el estaba igual.

Claro, el apenas consumía. Eso lo dejaba para idiotas como yo. Idiotas  a los que engañaban, enganchaban, sacaban beneficio de nosotros y cuando estábamos estropeados y no servíamos, nos quitaban de circulación. Esto no lo sabía, pero no tarde mucho en descubrirlo.

-          Muy bien Ana, puntual como siempre
-          Si
-          Te veo muy emocionada
-          Estoy ansiosa por saber.
-          Muy bien. Que sepas que esto no lo hago por todo el mundo.
-          Lo sé Jose y de veras que te agradezco que hayas pensado en mi.
-          Para eso estamos los amigos.
-          Gracias otra vez.
-          No hay de que, entre nosotros tenemos que ayudarnos.
-          Es verdad.
-          Ya has visto que ni la familia nos entiende.
-          Es cierto.
-          Bueno Ana, el trabajo es sencillo. Tendrías que entregar un paquete con material en la dirección que yo te de.

Traficar pensé. Me daba miedo. Sabía que estábamos hablando de cosas mayores.

-          Pero… ¿Si me cogen?
-          No te preocupes por eso, tenemos medios para salir rápido
-          Ya, pero…
-          Ana, si eres lista y haces lo que te diga no te cogerán.
-          Ya.
-          Mira Ana, te lo he ofrecido para hacerte un favor, pero si no quieres me lo dices y busco a otro.
-          No si yo…
-          Tengo mucha gente deseando que les llame para hacerlo ellos.
-          Me da miedo.
-          Muy bien, pues no hablemos mas, se lo diré a otro.
-          Espera… ¿Es mucho dinero?
-           
Me dijo una cifra que me hizo perder cualquier miedo. Con ese dinero podía tirar una buena temporada. El jugaba con eso y sabía que yo aceptaría.

¿Era tanto el dinero? Pues no, pero en ese momento para mí era muchísimo.

-          Está bien. Lo hare.
-          Muy bien Ana, eso me demuestra que eres una chica lista y agradecida

-          Si.

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