viernes, 5 de julio de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 8)

CAPITULO 8

No sabía cómo iba a encontrarle. El me dijo que si en algún momento le buscaba, sabría donde.

Solo se me ocurría un lugar, la playa. Era el único sitio donde le había visto, exceptuando mi mañana  de compras.

No sabía si aquel día había estado en la playa fruto de la casualidad, si había ido por lo ocurrido con Mario, o si era habitual verle allí.

Tenía terror de enfrentarme a el, pero el miedo a que mi familia supiera la verdad era aun mayor.

Ese día lo pase encerrada en mi habitación, mi cabeza daba mil vueltas e intentaba imaginar cómo sería ese encuentro. Lo que sentiría y como seria su reacción.

Nada me decía que el me ayudara, pero solo debía acompañarme. El dinero lo ponía yo, así que tampoco tenía motivos para poner muchas pegas.

Seguro que alguien como el sabía a dónde acudir para solucionar aquello.

Estarás pensando que estaba loca, que como se me ocurría quedar con alguien así.
Si. Yo también lo pienso ahora.
En lugar de acudir a las personas que más me querían iba a acudir a la persona que había destrozado mi vida.

En otro ambiente, esto no se entenderá, pero en el mío, lo peor que podía hacer era causar una vergüenza a mi familia.

O eso pensaba yo, porque ahora sé que me no era así. Entre todos hubiéramos buscado una solución y encerrado a aquel desgraciado.

En ocasiones la cabeza no es tan lógica como debería y nos hace ver las cosas de una manera diferente.

Eso me paso a mí, que empecé a ver lo que estaba bien mal y lo que estaba mal bien.

Empecé a sentirme culpable por no haber dicho todo desde el primer momento y al pasar el tiempo ya era tarde para todo. Ya no podía hacer nada para cambiar lo ocurrido y ahora todo el mundo me vería culpable.

Que equivocada estaba amiga, ojala en algún momento una pequeña lucecita se hubiera encendido en mi cabeza, ojala nunca hubiera ido a aquel encuentro.

Pero fui.

Pase varias horas recorriendo la playa. Allí no había nadie, solo alguna pareja y alguna persona paseando a un perro.

Según paseaba por aquella playa, empezaron a venirme imágenes de aquella noche. Imágenes que pensé que había llegado a olvidar.

Las lágrimas empezaron a asomarse a mis ojos y pronto me arrepentí de haber ido ese encuentro.

Cuando estaba a punto de salir corriendo de aquel lugar, apareció:

-          Sabía que volverías.

Ahora si el terror se apodero de mi, las piernas dejaron de obedecerme y un escalofrió recorrió mi cuerpo.
No me atreví a girarme a mirarle.

-          No sabía cuando, ni lo que tardarías, pero sabía que volverías a buscarme

Seguía siendo incapaz de hablar.

-          ¿Para qué has vuelto?

En ese momento no se si saque la fuerza de la rabia, del odio…
Me sentía tan enfadada por el cambio que había sufrido mi vida, por lo que tenía que enfrentar…
Estaba furiosa de verme en esa situación por su culpa.

Sin más preámbulos, me gire y con todo el desprecio que fui capaz le dije:

-          Estoy embarazada.

Lo primero que reflejo su rostro fue sorpresa, en ese  momento era el quien había perdido el habla.

Me miraba, como si hubiera entendido mal o como si le estuviera gastando una broma.

Malditas mis ganas de gastar  bromas en ese momento.

Se recompuso rápidamente y adoptando una cínica mueca dijo:

-          ¿Has venido para que me case contigo?
-          ¿Cómo te atreves?
-          ¿Entonces?
-          Quiero…
-          ¿Si?
-          Quitarlo
-          ¿Vas a matar a nuestro hijo? – Se burlo
-          No te atrevas a llamarlo así.
-          Yo pensaba que entre los tuyos, era algo habitual cargárselo al novio cuando tenéis un desliz.
-          Yo no he tenido un desliz. Me violaste y no quiero tener nada que me recuerde a ti.
-          Muy bien, supongo que el dinero no es un problema.
-          No.
-          Ven mañana a las tres y yo te llevare donde alguien que lo hace sin preguntas.

Me quedé mirándole mientras se alejaba, ni tan siquiera se había disculpado. No había visto ni un ápice de arrepentimiento en su actitud.

Al menos iba a llevarme a un sitio donde me lo harían sin problemas y sin preguntas.

Mañana a las tres estaría allí, quería terminar cuanto antes y olvidarme de todo aquello.

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