sábado, 6 de julio de 2013 | By: Nerea Uzquiano

LAS LAGRIMAS DE ANA (CAPITULO 9)

CAPITULO 9

Por extraño que parezca, me había engañado, a mi misma, de tal manera, que me sentía feliz.

Tenía la sensación de que, a partir de ese momento, todo mejoraría y por fin podría dejar todo atrás.

Ya nada podía empeorar, solo mejorar. Una vez se terminara todo, olvidaría el asunto y seguiría con mi vida como si nada hubiera ocurrido.

Que ilusa era, ninguna niña de diecisiete años está preparada para superar algo así ella sola.

Me creía tan mayor que pensaba que podía con todo. Que tonta fui. Teniendo mil personas a las que acudir, me coloque yo sola la cuerda al cuello.

Ese día transcurrió tranquilo, quede con Mario como si nada sucediera y notó el cambio en mi actitud.

-          Te veo contenta Ana
-          ¿Si?
-          Si. Es como si por fin volvieras a ser la misma de siempre.
-          No sé, me encuentro bien
-          Me alegra mucho verte así Ana. Estaba preocupado.
-          Pues no lo estés. Veras como a partir de mañana vuelvo a ser la misma.
-          ¿Por qué a partir de mañana?
-          No lo sé, pero creo que todo mejorara. – Le sonreí.

También ese día mis padres me vieron distinta.

-          Me gusta verte alegre Ana.
-          Lo sé mama
-          No sé qué te ocurría, pero estábamos todos muy preocupados.
-          Ha sido una mala racha.
-          Ana, sabes qué pues contar con nosotros si tienes cualquier problema.

Por un momento pensé en sincerarme con ella, de veras que lo pensé  Ellos me ayudarían en cualquier problema y pese a que este era mayor de lo que ellos esperaban… también me ayudarían.

Pero una vez más guarde silencio.

-          Lo sé mama, pero no me pasa nada.
-          Está bien hija, solo quería que lo supieras. – me dio un beso y salió.

Incluso para mis amigas no paso desapercibido el cambio.

-          Ya era hora que nos llamaras Ana. – Me dijo Clara con cierto reproche en su voz.
-          He estado ocupada.
-          Ya, pero antes siempre tenias un momento para nosotras.
-          Bueno, os he llamado
-          Sí, pero tengo la sensación de que algo te ha ocurrido.
-          Para nada
-          No se Ana, has estado rara, ausente.
-          Que no ha sido nada.
-          Bueno, me alegro de recuperarte como amiga.
-          Y yo Clara. Mucho.

Tal vez por esa alegría que veía en mis amigas, en Mario, en mis padres… sentía que todo iba mejor.

Por fin mi vida empezaba a enderezarse y yo volvía a ser la dueña de la misma después de mucho tiempo.

Esa noche prepare todo lo que pensaba que necesitaría al día siguiente. Prepare el dinero que me había dicho el y deje lista ropa cómoda para llevar.

No sabía si me iba a doler o en qué condiciones iba a volver. Según me había dicho el, era algo rápido y saldríamos en seguida del lugar.

No me había explicado como seria, ni donde estaba. Solo que fuera a la playa a las tres con el dinero preparado.

Esa noche, no pude dormir, estaba nerviosa por lo que iba a pasar al día siguiente.

Me levante, temprano, me duche y me prepare.

Desayune con mi familia como si nada ocurriera, aunque no pasaron desapercibidos mis nervios.

Aun así no dijeron nada, ya que yo mantenía mi amabilidad y mi supuesto buen humor.

Creo que la que mas notaba que algo me ocurría, era mi madre. Supongo que esas son las cosas de las madres. Notan lo que les ocurre a sus hijos mejor que nadie y aunque estos no les digan nada.

A las dos salí para ir al encuentro de el. En este momento me di cuenta de que ni tan siquiera… sabía su nombre.


Antes de las tres llegue a la playa y me senté en una roca a esperar que llegara.

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